La Virgen del Milagro

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“En el año 1196, siendo Santo Martino el abad de San Isidoro, León estaba inmersa en una cruenta guerra contra Castilla. Reinaban entonces en León Alfonso IX y en Castilla su primo Alfonso VIII. San Isidoro poseía una ermita en el barrio de San Esteban donde se veneraba la imagen de María Santísima de la Piedad. Cuenta la leyenda que aquel año la imagen de la Virgen lloró sangre y Santo Martino interpretó aquellas lágrimas como la señal inequívoca de una gran batalla entre los acérrimos enemigos de los reinos de León y de Castilla. Santo Martino pudo vislumbrar que aunque León sería atacado y se produciría una encarnizada lucha, los invasores no pasarían de Puente Castro.

Entonces, en previsión de tan funestos acontecimientos, la talla de la Virgen fue trasladada desde la citada ermita a la basílica de San Isidoro. Y tal y como había anunciado Santo Martino, siguiendo la predicción de la Virgen, se produjeron los hechos relatos. Efectivamente, los leoneses consiguieron parar a las tropas castellanas en Puente Castro. Desde entonces, la Virgen de la Piedad recibe también el nombre de La Virgen del Milagro, una de las imágenes con mayor devoción entre los fieles leoneses.”

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Una talla centenaria que pasó de la devoción íntima a protagonizar la procesión isidoriana

Esta talla, que es una de las imágenes titulares de la Cofradía Isidoriana, data de finales del siglo XVI y principios del XVII, y, aunque es de autor desconocido, se sabe que fue repintada en 1830 por Bernardo Fernández Neira; también se sabe que en el siglo XIX se le incrustaron las lágrimas que luce actualmente y que en el año 2003, fue restaurada, corriendo a cuenta de los Hermanos y Hermanas de la Cofradía.

En un principio, no se pensó que esta imagen procesionaría, hasta que en el año 2003, el Cabildo Isidoriano, a quien pertenece la Sagrada Titular, le cede a la Cofradía el honor de sacarla en Procesión, aumentando así el valor artístico del Cortejo Procesional.

También denominada “La Virgen del Milagro”, esta imagen recibe todos los sábados del año, en la Misa Conventual, el Canto de la Salve por parte de los Hermanos y Hermanas que se acercan a la Real Basílica Colegiata a rendirle honores.